Esta mirada tan impactante es la de Giraldus Cambrensis, o Gerallt Gymro en galés, un clérigo e historiador del siglo XII a quién debemos el primer registro del daño de una flecha de longbow inglés. Hemos encontrado muchas fuentes que citan a Gerallt y a dicho flechazo de la siguiente manera:

“En 1188 William de Braose, un caballero inglés en lucha contra los galeses, informó que una flecha había penetrado su cota de malla y su ropa, pasó por su muslo y su silla de montar y finalmente entró en su caballo.”

Este fragmento pertenece a una página del departamento de Historia del M.I.T., el Instituto Tecnológico de Massachusetts (haz clic aquí para verla). Nos gusta investigar sobre historia de los arcos de modo que, por curiosidad, buscamos a William para ver si había algún registro de sus heridas más preciso, pero no encontramos nada. Algo raro dado que la familia de Braose no es menor en la historia inglesa, y especialmente William, a quien los galeses llamaron “El Ogro de Abergavenny”.

¿Y a qué se debe la atribución de semejante mote? os preguntaréis. A la tremenda masacre de Abergavenny. Y es que el bueno de William invitó a varios líderes galeses a una cena de reconciliación en el castillo de Abergavenny durante el día de Navidad, para encontrar un camino hacia la paz, pero el camino que encontraron fue el del cuchillo. Muy Juego de Tronos, sin duda, sobre todo cuando consideramos que de Braose luchó al lado de Ricardo Corazón de León y fue responsable de que Juan sin Tierra heredase sus territorios franceses, en tanto que de su mano quedó la desaparición del legítimo heredero, Arturo I, de tan solo dieciséis años. También persiguió y mató al hijo, de solo siete años, de una de sus víctimas de la masacre, el príncipe galés Seisyll ap Dyfnwal.

Desde luego, si quien lanzó esa histórica primera flecha fue un galés, sin duda habría querido que le diese al Ogro de Abergavenny. Pero como dijimos, no hay registro alguno de dichos daños en su vida. Por eso hemos buscado las fuentes originales del flechazo, hasta dar con Gerallt de Gymro (el nombre en galés nos gusta más).

Merece la pena señalar la relevancia histórica de esa flecha galesa. Podemos considerar este flechazo como el punto de partida de una pequeña revolución armamentística que cambiará la estrategia de guerra y a la sociedad inglesa, reconfigurando la política europea a través de importantes batallas. Es el momento en que la flecha plebeya vence a la noble armadura. Un momento donde el arco se vuelve a imponer como un instrumento de guerra que marca las diferencias. Por eso, aunque parezca poca cosa, es hermoso encontrar y consultar las fuentes originales que podamos.

Y consultando llegamos a El itinerario del arzobispo Baldwin a través de Gales, AD 1188. Por Giraldus de Barri (nuestro Gerallt), un viejo libro de 1806 que, gracias a la universidad de Toronto, podemos consultar en la web Archive.org y donde está la página clave en que se reproduce el flechazo (haz clic aquí si tienes interés en verlo). Este volumen viene a ser una traducción del latín de Gymro (1188) al inglés de Sir Richard Colt (1806). Y en dicha traducción encontramos algo inesperado.

Estos libros son un puente de las maravillas entre el pasado y el presente

Como podemos leer, no fue William quien recibió el impacto, sino uno de sus soldados, a lo que él da testimonio. La traducción aproximada reza así:

Parece digno de mención que la gente de Gwentland está más acostumbrada a la guerra, son famosos por su valor y mayores expertos en tiro con arco que los de cualquier otra parte de Gales: los siguientes ejemplos prueban la verdad de esta afirmación. En el último asalto del castillo antes mencionado, que sucedió en nuestros días, pasando dos soldados sobre un puente a una torre construida sobre un montículo de tierra para tomar los galeses en la retaguardia, penetraron con sus flechas el portal de roble, que tenía cuatro dedos de grosor; en memoria de dicha circunstancia las flechas fueron preservadas en la puerta. William de Breusa también testifica que uno de sus soldados, en un conflicto con los galeses, fue herido por una flecha, que atravesó su armadura doblemente recubierta de hierro y, pasando por la cadera, entró en la silla de montar y hirió de muerte al caballo. Otro soldado, igualmente bien protegido con armadura, tenía su cadera penetrada por una flecha a la silla de montar, y al girar su a caballo, recibió una herida similar en la cadera opuesta, que lo fijó en ambos lados a su asiento. ¿No se podría esperar esto de una ballesta? Sin embargo, los arcos utilizados por esta gente no están hechos de cuerno, marfil o tejo, sino de olmo silvestre; sin pulir, grosero pero robusto; no calculado para disparar una flecha a una gran distancia, pero sí para infligir heridas muy severas en pelea cerrada.

Una flecha lanzada por el longbow de un campesino galés hace temblar al señor inglés. Y el inglés entiende el mensaje: ese arma puede cambiar el curso de las batallas. El inglés es astuto, aprende e incorpora. Desde ese momento el longbow pasó a conocerse como un arma inglesa provocando el mencionado impacto social: prácticamente todo varón debía poseer un arco largo y ser capaz de emplearlo, en las aldeas se organizaron zonas de tiro para las prácticas, tirar se convirtió en algo casi obligatorio de los domingos e incluso un par de siglos más tarde se prohibieron los deportes (futbol incluido) que pudiesen distraer de sus responsabilidades a los arqueros del reino.

La Batalla de Crécy, por Jean Froissart en “Las Crónicas”

¿Representó el comienzo del fin de la caballería? ¿Cambió por completo los paradigmas de la guerra del momento? Es difícil afirmarlo, son muchos los factores que juegan en la Historia, pero a todas luces parece ser uno de los determinantes. Y desde nuestros ojos modernos, todo comenzó con esa flecha reflejada en El itinerario del arzobispo Baldwin, una importante flecha que no mató al caballo de William de Braose, sino al de uno de sus soldados.

Por nuestra parte sabemos que no hemos descubierto la pólvora, y asumimos que sin duda estos matices que mostramos ya han sido más que revisados por historiadores y amantes de los arcos y el pasado. Aún así nos ha sorprendido ver este error histórico en muchas páginas web del gremio, hemos mandado un correo electrónico al MIT para que revisen sus fuentes y, si nos equivocamos en nuestras apreciaciones, nos saquen del error. Cosa que también, siempre, os pedimos a vosotros, pues somos artesanos del arco, no de la Historia, y si cometemos fallos o imprecisiones en nuestros textos estaremos encantados de que se nos señalen.

Salud y buenas flechas.

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