Es frecuente que al ver nuestros trabajos algunas personas sientan cierta admiración y nos digan cosas como “es una verdadera obra de arte” o “estás echo un artista”. Sabemos que son expresiones coloquiales, pero nos han hecho reflexionar. ¿Es un artesano un artista? Lo cierto es que no lo creemos así, pues si bien todo artesano lleva un pequeño artista dentro, arte y artesanía son dos disciplinas que buscan diferente fin.

En el caso del arte quien lo crea se sirve de diferentes técnicas, artesanales o no, para dar a luz una obra que busca, además de ser única, comunicarse y conectar con el espectador, transmitiendo un mensaje a través de la emoción o el sentimiento. Ya que la función del arte no solo ha de ser estética -a veces ni siquiera eso-, sino que ha de alterar el pensamiento y la conciencia de quien lo disfruta para que, incluso cuando este sea efímero, trascienda su tiempo y espacio gracias a las personas que consiguió conmover.

Por otra parte en la artesanía lo que prima, aparte de la belleza y armonía de la pieza, es la funcionalidad y la repetición de sus técnicas. Aprender todo lo necesario para dominar una artesanía es un largo camino que, tras años de experiencia y pericia, hará que las manos ganen tal habilidad que aun creando la “misma” pieza sabrán darle ese toque de maestría y originalidad que las haga únicas. Las creaciones artesanales buscan la belleza y la funcionalidad, pero son humildes en su pretensión y no buscan transformar nada más que la cotidianidad de quien les da uso.

Es por lo expuesto en los párrafos anteriores que creemos que la artesanía no es arte, aunque quien la practique sí pueda ser artista. Nosotros estamos realmente orgullosos de ser artesanos.

– Con el tiempo quiero tirar en tradicional, pero con mi propio arco. Me lo fabricaré yo.

– Eso es imposible, tú no puedes fabricar un arco.

– Soy carpintero, trabajar la madera es mi pasión. Se como funciona, solo me falta aprender como va el tema de la fibra. Eso ya me pone a mitad de camino.

En aquel momento, quizás ingenuo, no sabía que, en realidad, ese sería el primer paso de un camino que me cambiaría la vida.

– Ya vi a otros intentarlo y también vi cómo se le partían en las manos.

– Sería porque no sabían hablar con la madera. Hacer un arco laminado, incluso sin fibra, y que no parta es fácil.

– Bueno, ya veremos. Si quieres te dejo uno mio para que lo copies, pero los que fabrican y diseñan los arcos son ingenieros, así que… tú mismo.

– Vale déjame el monoblock, que me gusta.

El arco que copié fue un Great Plains B Modelo “Río Bravo”. Recuerdo llegar al taller de un amigo y, con unas piezas de pino melis que tenía por allí, fabricar el primer molde. No me esmeré mucho pero lo repasamos lo suficiente con la fresadora como para que fuera bien a escuadra. Las láminas se cortaron con un disco de 3mm a lo largo, para ser prensadas al molde con neumáticos envueltos. Claro que no era manera de hacer un arco serio, pero para el fin de semana y después de darle un poco de forma al cuerpo, ya tenía un “arco“ que no se rompía. Mi primer reto estaba conseguido.

Posteriormente empecé a estudiar todos los arcos que veía y la primera lección que aprendí fue que todos estaban ahusados, esto quiere decir que el material de sus palas se reduce progresivamente hacia las puntas. Ahora el segundo reto era saber qué técnica emplear para conseguirlo. Además de esta, otras preguntas empezaban a surgir. Un mar de dudas se abría ante mí y lo único que me apetecía era zambullirme en sus aguas.